Reporteros

Acababa de morir Diana de Gales. Los paparazzi, cuyo término procede de Paparazzo, un fotógrafo que aparecía en La Dolce Vita de Federico Fellini, son los enemigos a batir. Umbral ironiza sobre el trabajo de estos reporteros “de acción”, la Monarquía británica y hasta del padre Apeles, sí, el que mississipeaba con Navarro, el pelicano.

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LOS PLACERES Y LOS DÍAS

Reporteros

FRANCISCO UMBRAL

EL MUNDO; 3-9-1997

Ha llegado la hora solemne y granate de matar al mensajero. Desde los grafiti hasta el mandarín Kohl (él sabe lo que se hace, pensando en el periodismo político), casi todo el mundo está de acuerdo en que los paparazzi, los periodistas de acción, han matado a Diana de Gales.

Pero la realidad es que ellos iban a plasmar una comedia y les ha salido al paso una tragedia. Periodistas al fin, saben que Diana era mucho más que una reina de corazones en la baraja de los famosos, en el póker de los millonarios. Ella era «la princesa del pueblo», como ha dicho Tony Blair, la princesa laborista, como digo yo. Lo que hace el paparazzo es captar la Historia desde una moto. Historia es la erosión continua de la monarquía británica que se había propuesto Diana, una vez conocidos por dentro los divertículos de ese inmenso vientre histórico.

Evidentemente, y aunque esta afirmación parezca de mal gusto, la reina Isabel no tendrá en su día un entierro, un funeral civil de la calle como el de su repudiada nuera. El pueblo se orienta solo y los periodistas son pueblo en acto, son los monjes medievales a 200 por hora miniando de flashes la Historia viva cuando nace o es. ¿Se le hubiera exigido a Galdós que renunciase a contar todo lo que sabía sobre el asesinato de Prim (aunque luego lo contó mal)?

Los periodistas, estos periodistas del género «princesas», están calcando la crónica visual de la época, las costumbres y la Historia. Todos ellos lo saben y algunos lo intuyen. Las adúlteras y los políticos les temen. Los historiadores del 2021 se inclinarán sobre sus fotos. Un respeto.

Un intelectual monárquico tan respetable como Luis María Anson ha dicho por la tele que lo de Diana erosiona gravemente la monarquía británica y «repercute» en otras monarquías europeas. Y «lo de Diana» -caridad, solidaridad, antibelicismo, desnudos, libertad, en fin- ha desmontado para siempre la parkinsoniana ceremonia de una Corte que los ingleses rechazan hoy implícitamente al pronunciarse por la «enemiga» de esa Corte, la princesa que no quiso ser dócil, doliente y callada, como querría el padre Apeles.

Pero la filosofía/Apeles llena el mundo, es la vieja hipocresía cristiana -protestante o católica- y a la mujer vejada y traicionada se le ha exigido siempre que calle y otorgue para ganarse aquella lápida mortuoria que glosaba Ortega: «Cuidó la casa e hiló». Diana hundió la casa -Buckinham- y jamás hiló ni una braga. Mejor que eso, hizo «contestación» a la reina más sagrada de la tierra. Los reporteros, que son pueblo, saben que están trabajando sobre el cuerpo vivo de la historia y eso les obliga a ser implacables con el político, el aristócrata, la mujer alegórica, como Diana.

Diana no le ha ganado el presente a la «madrastra», digamos (hay varias), pero le ha ganado la posteridad. Es paradójico que estemos consumiendo hasta la adicción las fotos de este sombrío conato de París al mismo tiempo que condenamos a los fotógrafos y cámaras que nutren nuestra curiosidad, por una vez trascendental. La industria de la comunicación y la transparencia no la han inventado los paparazzi, sino que la sirven, y muy bizarramente. Si se les restringe, yo me como el carnet de periodista que no tengo.

3 comentarios

  1. Responder Anonymous

    Agustín, ¿no crees que te estás poniendo ya muy coñazo con Paco Umbral? (aparte de que supongo que los textos deben estar protegidos por el copyright, no sé si te lo has planteado)

  2. Responder Agustín Rivera

    No creo que sea un coñazo recordar una vez a la semana un artículo de Umbral que haga referencia al periodismo o a los periodistas. Este blog deja muy claro que el periodismo es uno de sus puntales. Eso sí, respeto que para ti sea un coñazo. De cualquier modo, el homenaje semanal a Umbral tendrá fecha de caducidad. Aún no he decidido cuándo.

    Siempre y cuando se diga la procedencia del artículo (EL MUNDO), como así lo hago, no hay problemas con el copyright.

    Saludos.

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