Blade Runner

Me encantan las películas de ciencia-ficción, una afición que he heredado de la adolescencia. Claro, ahora me gustan más las películas “raras”, como dicen mis amigos que no entienden que cuando estoy en Madrid me zampe, en versión original, una película finlandesa, austro-húngara o de Okinawa (bueno, lo de la japonesa sí que lo entienden mejor). También disfruto de algunas pelis “palomiteras” de Hollywood y del cine americano independiente. Y perdón, porque ya casi hay que pedir perdón, también me gusta (por lo general) el cine español y el europeo (en especial el francés).

El caso es que el miércoles (lo cuento esta noche, tenía que haberlo escrito quizá antes) fui a ver Blade Runner con varias décadas de retraso. Fue en los multicines Málaga Nostrum, muy cerquita del Aeropuerto. La vi en versión original. Con el montaje final de Ridley Scott. El Cultural le entrevistaba el jueves y decía el director que así montó la película, pero como no gustó ni al público ni a los críticos, la taquilla se volcó en E.T. (“Llévame a casa”) y dejó a Blade Runner en una película rarita, indescifrable y demasiado oscura. Cambiaron el montaje y ahora, 25 años después, se proyecta tal y como Scott la concibió.

Blade Runner, basta ya de charlatanería, es una joya. Los que la hayan visto quizá dejarán de leer este post, pero los que no, no dejéis de verla. Mejor en pantalla grande, en versión original y con el montaje de Ridley Scott.

Rascacielos futuristas, coches voladores, anuncios de japonesas, luces de neón, como los que hay en los barrios tokiotas de Ginza o Shibuya, replicantes, androides, el teniente Castillo de Corrupción en Miami (Edward James Olmos), que interpreta a Gaff, gran aficionado a los origami nipones y que no deja de darle la tabarra a Harrison Ford, la banda sonora de Vangelis, pioneros adelantos tecnológicos como la videoconferencia, la destrucción o el amor, como diría Aleixandre, lluvia continua, el polémico unicornio, humo, contraluces, identificador de ojos…

Ella, que lleva los labios y las uñas tatuados de rojo, toca el piano y se enamora. Frases para nuestro particular libro de citas cinematográfico: “No me fío de mi memoria”. “¿Cuánto tiempo viviré?”. Y el envejecimiento acelerado de los Neux 6, un ajedrez simbólico, ventiladores en aspa, volteretas de Daryl Hannah, la novieta de Antonio Banderas en Two Much.

Todo acaba en un ascensor. Era 2019 y vivía en Los Ángeles.

2 comentarios

  1. Responder M

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, amigo. En silencio, te sigo. De manera fiel, ya lo sabes. Espero que estés bien y que pronto nos veamos para que me pongas al día de tus batallitas.

    Un fuerte abrazo

    M

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