Alejo García

Murió en Sábado Santo. Fue conocido por una noticia que dio a trompicones, pero el pisotón informativo era suyo. La legalización del Partido Comunista.

Nunca hablé con él. Se emocionaba en la recogida de La Esperanza, en las madrugadas de los Jueves Santos de Málaga, delante del trono, y en la calle Pedro de Toledo, de mayordomo de la Pollinica.

Le escuché mucho. En Radio Nacional, la Cope y Cadena Ibérica, en La Espuela. Le leí en la contraportada del desaparecido El Sol del Mediterráneo donde José María echó sus dientes de reportero junto a Mayoral, Mendaza y Garde y cuyas páginas pilotaba el ex director del mítico El Sol de España Rafael de Loma.

Siempre quiso volver a Málaga. Regresó para quedarse. En El Palo. Su hijo, en las mañanas de Punto Radio, ha heredado una voz muy personal, como la de su padre. Alejo ha conseguido algo muy difícil: que cuando alguien pronuncie su nombre todo el mundo lo asocie con su apellido: García.

La leucemia le mató. Como a Cortázar.

Aquí va un vídeo de uno de sus últimos actos públicos:

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