Los que esperan, la novela de Miguel Torres López de Uralde, en Cincoechegaray

Ha sido la última lectura de Club de Lectura de Cincoechegaray, la tertulia literaria de la coqueta librería malagueña, ideada por Lola Ruiz. Escribo de Los que esperan, de Miguel Torres López de Uralde.

Conocí a Miguel en la Hemeroteca Municipal de Málaga. Fue hace ya casi 20 años, cuando investigaba, por afición adolescente al papel, en mi prehistoria como reportero, periódicos malagueños de principios del siglo XX y él me traía unos cartapacios que curioseaba con admiración y pensando en esa época, en cómo habría sido el periodismo en la época de La Unión Mercantil o El País de la Olla, dos grandes periódicos de ese tiempo.

Miguel continúa con ese trabajo en plena Alameda Principal. Y por las tardes, noches y quitando tiempo al fin de semana, ideaba novelas. Se apuntó a un curso de creación literaria. Sus profesores fueron de los mejores que se pueden tener: Antonio Soler y José Antonio Garriga Vela. Torres ya lleva escritas unas cuantas novelas. Y ésta, Los que esperan, es la primera que leo. Seguro que no será la última.

La novela, que el sábado recibió una valiosa crítica de Juan Ángel Juristo en ABCD, el prestigioso suplemento cultural del diario ABC, me ha tocado la fibra. Sin tener una grandiosa arquitectura narrativa, está muy bien construida. La belleza de lo bien contado, en primera persona, al grano, sin artificios, sin retóricas, con un lenguaje directo y elaborado. Las imágenes que escribe son poderosas y hay una gran contención emocional.

Es la historia de un malagueño que vive en Madrid. Su padre se pone enfermo. Viaja a Málaga, una ciudad que quiere olvidar. Durante algún tiempo -no mucho, pero sí intenso- yo también quería ser como el protagonista, alejarme de Málaga, verla como una ciudad del pasado, sin vuelta atrás, como el narrador de esta historia con grandes personajes secundarios, como Camacho y la asistenta de su padre.

En la novela hay tensión, argumento y el final es elegante. El protagonista, como en todas las novelas de Miguel, no tiene nombre y se aloja en su última visita a Málaga en el nada mítico (para mí sí: y mucho) hotel California del Paseo de Sancha.

Lola se despidió con su sonrisa abierta, cordobesa, cómplice sentimental y musa de Pablo Cantos. Gracias a este Club de Lectura he disfrutado de novelas, y espero seguir leyendo muchas más, que seguro no hubiera leído sin sus propuestas, algunas de las que cuales no me seducían en principio, pero que siempre traslucían un envidiable hábito de lectora atenta y voraz.

Ya sabes, Lola, al final Jesús y yo nos salimos con la nuestra: en octubre tenemos a un escritor latinoamericano. La Tía Julia y El Escribidor de Vargas Llosa. Algún día debatiremos sobre la última de Antonio Muñoz Molina, tu favorito, “me leído todo de él”, aseguras, y soñaremos con una novela-cóctel de Paul Auster, Amos Oz e Irene Némirovsky. El Quinto, queda claro, no estará en discordia.

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