Manu Leguineche: sangre y verbos

Manu Leguineche recibirá el Premio Reporteros que concede el diario EL MUNDO. Tenía que haber ganado este año el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Se lo llevó, no sin polémica, San Google de todos los días.

Hoy, David Gistau, en EL MUNDO: “Me habría gustado compartir con Manu Leguineche alguna de sus aventuras de reportero (…). Me habría gustado encontrármelo en cualquiera de esos lugares en los que, dichosa la soledad esteparia de quien elige no ser esperado por nadie en casa, acató la regla clásica de que, con frecuencia, una buena historia no depende sino del instinto para mezclar sangre y verbos en las proporciones adecuadas“. Merece la pena también leer con atención a Juan Cruz en su blog en Elpais.com.

Tres veces he estado en la casa de Leguineche de la Alcarria. La primera vez, en julio de 2001, al hilo de su libro-reportaje sobre Pearl Harbour, cuando me quedaba apenas una semana para marcharme un mes de viaje profesional a Japón como enviado especial del periódico. En octubre de 2002 estuve en la presentación de su libro sobre Gibraltar y otra vez, poco tiempo después, pidiéndole consejo en un momento clave de mi carrera, antes de zarpar rumbo a Mallorca.

Allí, en una antigua casa de Gramáticos del siglo XVI, donde vive, recordó aventuras en Vietnam, saliendo del país en helicóptero o la cobertura en Portugal, en 1974: “Fuimos a la Revolución de los Claveles en un mini”. Arriba, en un salón atestado de libros y periódicos, escribe en un portátil con vistas al mar alcarreño.

En otoño pasado me leí La tribu, una novela que parece un reportaje, no Nuevo Periodismo, sino ficción con elementos reales, vividos por él, muy en la línea del reporterismo literario que en España tiene cuatro clarísimos ejemplos en la brillante escritura periodística de John Carlin en El País; David Jiménez en EL MUNDO; Alfonso Armada en ABC y Bru Rovira en La Vanguardia.

Manu, el creador de La tribu, la casta de los corresponsales y enviados especiales. El reportero de las crónicas con sangre y verbos.

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