Pacífico

¿Otra vez escribiendo de Pacífico? Podría haber escrito para mí, en la carpeta amarilla “Ideas y Apuntes” del escritorio del portátil. Pero prefiero compartir algo de lo que escuché anoche con vosotros. También contigo…

Llegué cuando el (afónico) concejal Briones ya estaba hablando. Fue corto. Taján, que conoce a Garriga Vela desde la época de la Facultad de Derecho de Granada, explica que la narrativa de GV está marcada por “un tono memorialista de gran calado”, en la que el viaje, la evocación y la nostalgia son elementos indispensables.

Garriga no tiene vergüenza a la hora de escribir. No se para, ni piensa las consecuencias de su escritura. Siempre fabula en primera persona. El narrador es él y nunca tiene nombre. En este “juego de triángulos” (Busutil dixit) que es Pacífico no hay nada biográfico, asegura, pero los sentimientos, argumenta GV, no están inventados. Son puros. Reales. “Lo vivencial sí es autobiográfico”.

En esa depuración absoluta del lenguaje y de las situaciones, Garriga marca frases lapidarias, siempre sencillas y cortas, como a él le gusta escribirlas. Este escritor, que hoy explica con detalle su propia obra, su cocina literaria, se deja lleva por la intuición. Escribe por impulsos. No planifica las novelas. Entra y sale gente como si estuvieran encerradas en una habitación. Y surgen personajes como el de la madre, “el más inteligente de la novela”.

GV, ladrón de ideas, que escribe por sus lecturas. “Para saber escribir hay que leer”. No conozco a ningún excelente escritor que no sea también un gran lector.

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