Maestros del periodismo

Juan Cruz inició a principios de enero una serie dominical en El País. Los maestros del periodismo. En el blog he incluido un apartado, debajo de los favoritos, para que leais las imprescindibles entrevistas con los sabios del oficio. Los primeros entrevistados son Ben Bradlee, Jean Daniel, Harold Evans, Alma Guillermoprieto y Tomás Eloy Martínez.

3 comentarios

  1. Responder Lucía

    Agustín:

    te felicito por el buen uso que le das a internet y a los blogs.

    Como no soy lectora de El Mundo (excepto titulares y copetes para ver por donde va la cosa) no conocía tu actividad.

    Juan es un excelente periodista, a quien leo con entusiasmo, pero se ve constreñido a guardar algunos silencios impropios, escudado en la cuestión de estilo, que le imponen su patrón Prisa y los socios del PSOE (Sabina y Cïa).

    Escribo entre los comentarios, y aunque mi apellido sea SPAM, lo hago con variantes que por la buena voluntad de Juan no se borran en la edición.

    Están ocurriendo sucesos lamentables en Argentina que dificultan la buena relación con España.
    También tu país atraviesa una seria crisis, y me temo que la alternativa PSOE/PP es pan duro de la misma clase de negocios.

    La cena de los Reyes de España con nuestra “Reina Cristina” no hace sino corroborar cada una de mis aseveraciones. Los comportamientos de nuestros jefes de Estado se asemejan más a Mogabe en Zimbabue y a Chávez en Venezuela que a la representación de una modalidad que rescate valores de legalidad, igualdad, fraternidad.

    El gobierno K. es una especie de tiranía con suma de los poderes públicos.

    Una especie bien clara, porque detenta la suma de los poderes públicos violando el art. 29 de la Constitución Nacional y aumentando día a día la gestión de control sobre actividades reguladas a través de sindicatos, -por ejemplo en la actividad docente de niveles primarios, secundarios y terciarios, modificando las designaciones jerárquicas no por capacidad sino por su arbitrio decimonónico.
    Las Universidades como siempre ha sido responden al modelo unidireccional y respetan a rajatabla los mandatos que bajan de las escuelitas de EEUU, Israel o Italia (la vaticana o la del Norte industrializado).
    España es apenas y por desgracia una filial de las repetidoras del discurso oficial de Edimburgo.

    Los Kirchner se han apropiado, además, del control de los medios de comunicación a través de sus burócratas Albistur y Lubertino (que son quienes ordenan qué sale o no en la prensa masiva o si sale se apuran a catalogarlo y prejuzgarlo como discriminación).

    Supongo que conocerás mi situación de ostracismo por la liga de Etiqueta Negra (cuyos periodistas son harto conocidos en el mercado de N.P.I. y se arrodillan ante la presencia de su majestad el Subcomandante Marcos/Márquez: Don Gabo y su pandilla).

    Mi historia es larga, y sin duda tiene mucho más interés hístórico para Latinoamérica y la Europa Continental que varios de los casos investigados en la prensa actual. No obstante, por la complejidad de los hechos y la falta de infraestructura apta para narrarla me veo obligada a explicarla fragmentariamente y prima facie, es más probable que el oyente o lector piense que padezco algún tipo de enfermedad psíquica que de un amordazamiento crónico y letal al sistema republicano, de democracia equitativa y justicia social para todos los habitantes de mi país y de la tierra.

    Resulta que sostengo, entre otras cosas que sería imposible enumerar aquí, lo que Perón ha dado en llamar “Tercera posición” que luego se continuó en la Tercera Vía del cuasi-desaparecido bajo las arcas de la U.E. Mayo francés del 68 en la “Tercera Vía”.

    El propio Perón fue, según algunos testigos han contado, que tenía “una hija que se llamaba Lucía” (en el sentido de heredera política y no hija biológica). Por lo que la Iglesia y la masonería británica, muerto aquél en 1974, siendo yo apenas una jovencita estudiante, se ocuparon de mi caso de un modo infame, llegando a negar mi existencia como persona, burlándome como “gorila” o “pimpinela” y haciéndome padecer todo tipo de usurpaciones y siniestros relatos que protagonizaban a través de actores parodiantes y la “vomitiva” comitiva de séquito a los presidentes de turno, radicales y peronistas aliados en la entrega corrupta a EEUU y GB de nuestras riquezas caudalosas.

    Mis blogs son muchos (varios son de poesía) y mis entradas a los comentarios de El país van en el mismo sentido. Apuesto a los Derechos Humanos, sin perjuicio de parecer exaltada o tonta en más de una oportunidad, en la que se me enloda a través de nicks anónimos, que son tan deplorables como los usuarios que temen dar la cara en las redes. Estoy acostumbrada a esa caterva de miserables.

    Mi curriculum vitae, mi nombre y apellido real, mi documento, mi teléfono y mis mails explicatorios están a la vista de quien quiera averiguar la verdadera historia.

    La que no se puede contar en los medios lo digo yo. La identidad de los terroristas de FARC, Sendero Luminoso, ETA, aliados del narcotráfico ilegal por decisión imperialista; la ficcional fotografía de un Fidel Castro vivo que denuncio hace más de dos años y los motivos de esa complicidad); la verdad sobre el secreto de burguesía de los derechos de autor y el negocio que me constituyó en “musa” de cantautores de todo tipo; la autoría intelectual del “cacerolazo”, mi situación de rehén de Telefónica para el negocio millonario; la FIFA (con Julio Grondona, vecino de Sarandí a la cabeza internacional) como organismo del lavado de dinero sucio con la trata de personas (futbolistas, prostimodelitos, y bufarrones del negocio pornográfico).

    Este es el contubernio de las sectas que se apoderaron de la riqueza del planeta y espían a los conductores de ideas revolucionarias (sin sangre y por medio de la educación) como enemigos políticos.

    La indiferencia masiva es desmoralizante.

    Esta es una apretada síntesis de lo que está sucediendo.

    Me parece que tarde o temprano se va a llegar a destapar la olla que está humeando a todo vapor y se acabará la bipolaridad tan en boga en estos tiempos.

    Saludos cordiales.
    Lu
    (perdón que no reviste el comentario, es una simple carta de saludo y anoticiamiento, no un texto para la editorial).

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