Javier Reverte, el viajero-reportero

-¿Qué hago yo aquí?- se preguntó el viajero.

Olfateando las historias de Jack London, Javier Reverte, el amante de Homero, viajó en canoa, 750 kilómetos, 13 días río abajo.

– Si me entreno antes, no voy.

Lo reconoce ante 300 personas. La mayoría estudiantes de Periodismo. Los que están aprendiendo un oficio “magnífico, que dejé hace 20 año”. Quedo con Reverte, en la barra del hotel Molina Lario, el Gallery, y observo a un reportero que oye, ve y cuenta. Y olfatea. Porque para ser reportero hay que olfatear, dice Reverte, el escritor que cuando era periodista tenía que llevar a la redacción la foto del muerto. Y que escribió hasta editoriales en el diario Pueblo.

– ¿Tú no preguntas demasiado? Es lo que le suelen decir los que le acaban de conocer. “En el periodismo aprendí a averiguar la vida de los otros, me metí en otras vidas, me asomé a los balcones del mundo”.

Ahora que los periódicos no se gastan “un duro” en los reportajes, este defensor de lo subjetivo sobre lo objetivo busca siempre aquello que le impacta, por lo que siente una emoción. Si no, no viaja. Busca la síntesis, la sustancia de la historia, contando pero sin muchos adjetivos.

A Reverte, al que no le interesan los monumentos (“busco voces y seres humanos; también me atrae la naturaleza”) no le gustan cómo cuentan los historiadores españoles: “Son muy plúmbeos”, “muy opacos”, “con textos llenos de pies notas”. Y con libros trufados de “en efecto”, una expresión que odia al igual que otras dos palabras: “mágico” y “entrañable” (a Buñuel, también).

¿Y el periodismo? ¿Tiene salud? ¿Enferma? “El periodismo está masificado”. “No es una ciencia, sino una ocupación tremendamente noble”, porque a su juicio “a escribir no se enseña”. “Hay más licenciados que empleos”. “El periodismo es un oficio para jóvenes; desgasta muchísimo. ¡Es tan intenso!”.

Más consejos para aspirantes al mejor oficio del mundo:

– ¿Estás seguro que quiere ser periodista?

Reverte se contesta él mismo:

– Insiste, pégale fuerte, échale cara. Rellena muchas hojas y lee muchos libros.

Una hora con Reverte enseña mucho de la vida. Del reporterismo. En la cena en el Gallery, acompañada de ese vino Rueda que seduce su paladar, recordó su malaria en Brasil, cómo estuvo a punto de morir. Su próximo libro sobre el Ártico, empotrado en un barco ruso. Tanzania. Siempre África. Y Manuel Alcántara habló de boxeo, de Paulino Uzcudun, de Mike Tyson, aquel “mono afeitado”. Juan López Cohard, el columnista de moda del Málaga Hoy, ya se había quitado el sombrero. Antonio Méndez y Ana Inglán escuchaban con atención. Y yo no me resistí a sacar las cuartillas. Apunté frases, ideas, anécdotas. ¡Se puede aprender tanto de los Maestros!

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