Jesús Robles

In memoriam Jesús Robles, mi primer editor
Voz tremenda. Gravísima. Allí está Jesús Robles, sentado delante de una mesa revisando el catálogo y las ventas del día. Es sábado por la tarde. Vivo a 200 metros de la calle Martín de los Heros. Me fascina el cine, soy periodista y escribo. Ocho y Medio era mi otra casa.

Hojeo libros. Los leo. ¿Me llamarán la atención? Cuento las pesetas que llevo en la cartera para ver si me puedo comprar aquel ensayo que llevo mirando un par de meses. Esta vez sí. Aquella edición de lujo aún tiene que esperar.
Entra una actriz famosa. Mira, ese es Mateo Gil. Hace un momento he visto a Manuel Vicent haciendo tiempo antes de entrar en una sala del Alphaville. Quiero guardar este instante. En Ocho y Medio siento que vivo en Madrid. El foro. La pomada. Estoy donde pasan cosas, donde me encuentro con gente a la que admiro. Aprendo. 
Jesús sigue ahí. Y su mujer, María Silveyro. Habla de un cartel firmado por Almodóvar o por Carlos Saura. María y él se van a convertir en editores. Publicarán guiones de cine. Me encantan las historias en la pantalla, no entiendo cómo se hace un guion, a pesar de que hace dos meses me había comprado el de Linda Seger. Cómo escribir un guion excelente.
Sigo comprando libros. Disfruto de la librería de mi barrio madridí. Soy endiabladamente feliz por vivir entre novelas, ensayos y relatos. Voy mucho al cine. Siempre hay que visitar Ocho y Medio, la película de Fellini (¿mejor que Amarcord?) que no vi.
Enero de 2007. Hace cuatro meses que he terminado “El Viaje de los Ingleses, rodando con Antonio Banderas”. La editorial que se había comprometido a publicar el libro al final no le interesa. Miguel Munárriz telefonea a Jesús Robles. “Encantado de publicar el libro”. Jesús sí quería publicarlo. Valiente.
En marzo presenté la obra en el Festival de Cine de Málaga. Los ejemplares llegaron a la carpa del Teatro Cervantes apenas unas horas antes. Esa felicidad inédita, completa, de ver tu libro publicado. Gracias a ti, María. Y sobre todo muchas gracias a ti, Jesús. Contigo compartí mi primer viaje de escritura y ahora sabes cuán importante habéis sido en mis últimos años veinte, aquellos años que cabalgaban entre dos siglos y cuyo capítulo Ocho y Medio jamás olvidaré de mi memoria, esa que tú jamás perdiste, ni ahora que estás en el cielo, como Gary Cooper.

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