Audrey Hepburn: un ángel en la adorable Marbella de los 60

Audrey Hepburn: un ángel en la adorable Marbella de los 60

Sean Hepburn desayuna un surtido exquisito de quesos frescos en el Beach del Marbella Club. Su hijo Santiago, de nueve años, se baña en la coqueta piscina. Este Hepburn, productor y guionista de cine, es el primogénito del matrimonio de Audrey y Mel Ferrer. Sean nació en 1960, un año después del rodaje de Desayuno con Diamantes. Hacía 23 años que no regresaba a su infancia marbellí, esa década que vivió en Santa Catalina, a 200 metros del enclave creado por Alfonso de Hohenlohe. Hepburn habla de su antigua casa, de la Marbella de los 60 y 70; también de esa mamá tan adorable que le llevaba al colegio, como una madre normal, sin creerse el mito de Hollywood.

Hepburn hijo ha dirigido durante 20 años la fundación de su madre. ¿Por qué continúa atrayendo la figura de la intérprete de Sabrina o CharadaAudrey Hepburn es la guapa del apartamento de al lado. La chica, picarona y dulce, a la que todo el mundo quiere; la que toma un taxi en un Manhattan desierto para desayunar frente al escaparate de Tiffany’s. Ese estilo y elegancia estilizada tan influyente en las mujeres de varias generaciones. Hubo otra Audrey: “Mi mamá, que podría haber anunciado perfumes como otras, decidió usar su imagen para ayudar a los niños africanos como embajadora de Unicef”, cuenta Sean Hepburn. Murió el 20 de enero de 1993. Su huella permanece. También en Marbella.
Cuando Alfonso Hohenlohe empezó a construir el Marbella Club, llamó a un cierto número de personas clave de prestigio internacional para que compraran los terrenos más próximos a la playa y se construyeran casas. En el verano de 1964 los Ferrer/Hepburn ya residían en el hogar marbellí. El matrimonio apenas convivió allí dos años. Se separaron en 1966, aunque Ferrer y su hijo Sean pasaron largas temporadas en Santa Catalina hasta que llegó 1974 y el actor vendió la casa. “Mi padre temía miedo al fin del Gobierno de Franco: pensaba que iban a venir los comunistas y expropiarlo todo”, cuenta Sean. Mel Ferrer se asustó y se compró un rancho “muy bonito” en Santa Bárbara, cerca de Los Ángeles, donde pasó el resto de su vida.

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