viernes 18 de julio de 2008
Viajando
En un dos horas y metro estoy en Madrid. Y luego tomo un autobús a Salamanca.
Mañana es la boda de Catalán (que no es catalán, sino asturiano). Un amigo entrañable de la Facultad.
Locura de viajes de julio...
miércoles 16 de julio de 2008
La prensa en Málaga
- Yo vendo mucho más que tú.
- Pues a mí me lee más gente.
- ¡Y a mí qué! ¡Yo sigo siendo el líder!
- Yo soy el que más crece en ventas.
- Y yo arraso los domingos.
¿Se aburren los lectores y anunciantes de tanto mareo con las cifras de EGMs y OJDs? Seguro que sí.
martes 15 de julio de 2008
Las miradas de Isora
Esa sonrisa trémula y despierta. La noche mira los ojos del agua salada. Champán de carcajadas. Desnudos furtivos desafiando la luna de Isora. Fue el sábado. Rompimos la noche y el día. Ballenas tropicales danzando frente al catamarán. Tendidas bajo el sol, flotadores en el océano. Sobremesa de tertulia. Piscina que no cesa, siempre salada.
Camas balinesas con vistas al Atlántico. Masajes gallegos chill-out. Fotografías a los músicos. El jazz del restaurante. Y las confidencias de madrugada. El baile. La novela de la vida. Resaca de un domingo nublado. Despedida entre mujeres de rojo. Avión con conversación de música y grupos. Esos atardeceres. Miradas de Isora.
lunes 14 de julio de 2008
Tenerife: terminó el viaje
Ahora, rematando varios artículos para Editur.
Por la noche escribiré un post sobre la experiencia tinerfeña y el Gran Meliá Palacio de Isora.
jueves 10 de julio de 2008
Herbie Hancock en Málaga y en Barajas
Soñoliento por el madrugón, tomo el vuelo rumbo a Madrid (y luego a Tenerife). En la fila 4, junto al pasillo, un señor negro -por la indumentaria y el rostro- está tecleando en un portátil de Apple. Es Herbie Hancock. A su lado, Amy Keys y al otro una chica rubia. Es Sonya Kitchell. Son las vocalistas de la banda Hancock, la que me enamoró anoche en el Cervantes.
Fue un concierto original. Amazing, como repetía Herbie (que estuvo en el quinteto de Miles Davis). El jazzista empezó el repertorio presentando a su banda. Antes, Lionel Loueke había sido telonero. Sonidos guturales y extraños avisan que su jefe no tardaría en aparecer: It's coming!
Hancock sale a las 22.25. Se ríe y pregunta al público: "¿Hace cuánto tiempo que estuve aquí?". Alguien se lo recuerda: "Diez años". [En 1997 o 1998 escribí la crónica de Herbie Hancock para EL MUNDO de Andalucía. Era noviembre. Creo que era mi segundo o tercer concierto de jazz. Le pregunté a Javier Domínguez, acaso el tipo que más sabe de jazz en el Sur, cómo había sido el concierto, que me lo radiografiara. Escribí lo que me dijo Domínguez. Al siguiente concierto ya empecé a enterarme de qué iba esta música].
Bromea. "¡Lionel Loueke, como B.B. King!". Kitchell y Keys ofrecen el contrapunto vocal. Y el saxo Chris Potter demuestra, con su virtuosismo desafiante, cómo domina el instrumento. Durante el concierto, Hancock, uno de los grandes renovadores del jazz contemporáneo, investigó nuevos sonidos. No dejó su piano, pero también probó con los teclados. Con los fijos y con uno que se echó al cuello cuando llegó la hora de los bises, que se prolongaron hasta las 0.27 horas.
A la salida del Cervantes me encontré con mis amigos Kumiko y Chihiro, matrimonio japonés afincado en Málaga desde hace más de 20 años. El teatro no estaba lleno. Hancock demostró mucho más que Diana Krall. Este genial compositor nunca sabes lo que te va a ofrecer. Ni dónde te lo vas a encontrar.
Cuando aterriza el vuelo en Barajas, en la T-4 de Richard Rogers y Lamela, el maestro jazzista sigue con su portátil Apple. Trabaja en una cafetería desierta. Se detiene en unas partituras que tiene grabadas en el ordenador. Fotografío a Hancock con Kitchell.
Hasta dentro de diez años (espero que menos), Herbie. Me despido y sonríe. Vuelvo a escuchar jazz...
Gran Meliá Palacio de Isora