Días felices con Umbral

Compré Días felices en Argüelles en una librería de la calle Princesa. Muy cerca de la dacha donde viví un año, en la calle Hilarión Eslava (donde murió Benito Pérez Galdós) y frente a la Casa de las Flores, que fue residencia de Pablo Neruda y Miguel Hernández.

Días felices en Argüelles me trajo recuerdos de un tiempo en el que fui feliz: vivía en un barrio mítico, Argüelles, y tomaba la línea 4 del Metro para bajarme en la parada de Alfonso XIII. Cruzaba López de Hoyos hasta llegar a Pradillo y conseguía mi sueño: trabajar en la redacción central de un gran diario nacional, EL MUNDO.

Esta madrugada ha muerto Umbral. Francisco Umbral. Tenía 75 años, como bien precisa el profesor Bernardo Gómez en Ladrón de fuego, una monografía sobre el columnismo de Umbral, cuyo origen es una tesis doctoral sobre el escritor. Vi a Umbral varias veces en la redacción de Pradillo. Llegaba a la sección de Cultura y hablaba con Manu Llorente, el redactor jefe de Cultura. Antonio Lucas, el reportero/poeta con más talento periodístico en 20.000 millas a la redonda, le escuchaba con reverencia. Subía a la cuarta planta, listo para pronunciar un discurso. Yo me colaba en la planta noble del periódico para oír su voz, cómo se quitaba las gafas para leer, se despojaba de la bufanda blanca, su fetiche, y bromeaba sobre la parada de autobús de Quevedo. “¡Quevedo, sólo Quevedo!”.

Tuve la suerte de compartir cinco veces página con él. “He publicado en la última, ¡junto a Umbral!”, le decía a mis amigos, enfermo de jovial ilusión reportera, refiriéndome a la sección Testigo Directo de EL MUNDO. Sabía que ese día me iban a leer muchísimos lectores sólo porque publicaba un crónica periodística al lado del maestro. Días felices con Umbral.

Ayer, en una pizzería de la avenida Ricardo Soriano de Marbella, Carmen Rigalt me avisaba que Umbral tardaría en regresar a la última de EL MUNDO: “Han aprovechado agosto para cambiarle la medicación y no le va bien”, me explicó Rigalt, íntima amiga de Umbral. Pedro J. le había pedido a Rigalt y a Raúl del Pozo que siguieran con sus crónicas y columnas desde Marbella hasta que agosto agonizara.

Otro amigo de Rigalt, Ignacio Camacho, en la clase de Redacción Periodística de la Facultad de Periodismo de Málaga del profesor Teodoro León Gross, hablaba de Umbral. Por aquel entonces (1994) Camacho era subdirector de Diario 16 Andalucía y León Gross le invitó a la Facultad para que hablara del periodismo de opinión. “Umbral es el ‘número 1’ y el resto de los columnistas somos Umbralitos”, glosó Camacho.

De Umbral me fascinaban sus columnas en las que hablaba del periodismo. También las literarias. Y era una maravilla leer sus obituarios y los artículos de sus periodistas y escritores favoritos. Tengo recortadas infinidad de columnas de él. No me leído muchas novelas suyas. Y confieso que todavía no he devorado Mortal y rosa. Tarde lo leeré, pero sé que la recompensa valdrá la pena: me encontraré un texto hermoso. Una joya. A los muertos se les suele decir que descansen en paz, pero yo no quiero que él repose. Aún nos quedan por leer muchas columnas. No descanses, Umbral. Sigue escribiendo.

11 comentarios

  1. Responder Anonymous

    He tenido que esperar unas horas pero sabía que en tu blog aparecería algo sobre Umbral. Gracias por lo escrito. Gracias por comentarnos tus vivencias junto al monstruo del columnismo. A veces era pedante, a veces repelía, a veces mutaba de ideas. pero era insuperable en la metáfora, el artículo, la imagen. He releido hoy una del año 95 dedicada a Antonio Romero. Memorable. Fresca. El columnismo español se queda muy desolado.

  2. Responder BOQUERÓN Y BÉTICO

    Lo que son las cosas: se muere uno de tus ejemplos profesionales a seguir el mismo día en que celebras tu Santo… A Umbral tendremos que desearle que descanse en paz y ti que pases un buen día de San Agustín.
    Un abrazo.
    28 de Agosto de 2.007.

  3. Responder Agustín Rivera

    Anónimo de las 14.12:

    Gracias por tus comentarios, querido anónimo. Por cierto, ¿habéis leído el artículo ‘Umbral’ del periodista José María de Loma? Esta es la dirección: http://blogs.epi.es/elblogdejosemariadeloma/

    Ofrece pistas de algunos libros imprescindibles de la biografía del escritor. Y dos estudiosos capitales de su obra: Anna Caballé y Bernardo Gómez, profesor de la Universidad de Málaga.
    ————————-
    Boquerón/Bético: El santo salió muy bien. Sol, lectura y blog. Otro abrazo.

  4. Responder Jesús Nieto

    Fue Umbral, pese a todo

    La marquesa de los viernes, o de los jueves, o de los martes, llora desconsolada en los cafés galdosianos de un Madrid bajo la canícula. La travesía de Madrid se nos hace complicada y el Gijón, endulzado de tardes, echa el pestillo a media asta durante los cinco minutos eternos del vermú.

    Umbral abandona el valle de lágrimas como un cadáver exquisito cuyo dandismo arropó siempre su prosa. Fue algo distinto a un periodista. La ideología, su sumisión a los postulados pedrojotescos, debió entenderse como la veleta de vital de un esteta cuyo ideario residía en las evocaciones de Tierno Galván y sus paseos por los decampados del norte matritense.

    Le lloverán salvas de despropósitos y elogios, pues siempre incomodó el viejo dandy a quienes vieron en él una referencia moral; otros aprendimos que el barroco no murió en Quevedo y que se podía ser castizo, gonzálezruanista, en estos tiempos de teletipos y primacía de lo informativo sobre lo superfluo y vital de la palabrería.

    Vamos viendo que una raza de escritores de periódicos desaparece, Alcántara resiste y entierra a su generación, longeva en alcoholes.

    Descanse en paz, bailando entre el chasquido de una Hispano-Olivetti y el rumor mortal y rosa de las meretrices en los altos cielos de Valladolid.

    Fue Umbral, pese a todo. Un maestro.

  5. Responder Bernardo

    Agustín, con dos días de retraso me sumo a tu homenaje. Podrás imaginar que, después de convivir durante tanto tiempo con Umbral -mejor dicho con sus libros y columnas-, el sentimiento de pérdida resulta un poco más agudo para mí. Durante años lo he leído con placer; también sin indulgencia, por aquello de la imparcialidad investigadora, y sus flaquezas literarias y periodísticas me lo hiceron más humano.
    Me ha parecido casi épica esa estampa última del escritor tratando de dictar una columna imposible a la abnegada España (y, dicho sea de paso, mucho más emotiva que la de Cela moribundo dando vivas a Iria Flavia: qué dos personajes tan dispares a pesar de las apariencias). No hay un gesto que defina mejor a Umbral que ese impulso casi póstumo, pues durante toda su vida padeció una grafomanía pertinaz; para él no había descanso sin su ración diaria de Olivetti. La necesidad imperiosa de escribir estaba más allá de todo: del dandismo, de la bufanda blanca, de los exabruptos en televisión, de la viagra y de toda la tramoya del escritor empeñado en “épater le bourgeois”. Umbral no necesitaba construirse un personaje, porque escribía de manera deslumbrante: Agustín, lee “Mortal y rosa”, pero también “El hijo de Greta Garbo”, “Trilogía de Madrid”, “Leyenda del César Visionario” o “Los cuadernos de Luis Vives”, y verás que no pasa un solo párrafo sin que se adunen -verbo umbraliano- los hallazgos sorprendentes. No había mayor “calidad de página” que la suya, con permiso de Azorín y Gabriel Miró. En algunos de sus artículos, sobre todo de los años 70 y 80, afinaba tanto el ingenio que el resto del periódico resultaba ya pura prosa administrativa, adefésica, insoportable.
    Umbral nos deja a todos un poco desamparados.

  6. Responder Agustín Rivera

    Querido Bernardo,

    Gracias por tus palabras y recomendaciones librescas umbralianas. Te quería avisar esta mañana de un artículo que publica hoy EL MUNDO de Luis Blanco Vila, catedrático de Literatura. Es el único que deja claro que Umbral “confesaba 72 [años], pero había nacido en mayo del 32)”, como tú recoges en tu tesis doctoral y en tu imprescindible Ladrón de Fuego. Abrazos.

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