Sin novedad en las urgencias de Málaga: “Hoy no hay muchos enfermos por aquí”

Urgencias en el hospital Carlos Haya de Málaga / sur.es

A las 8.45 horas sólo una madre y un hijo guardan su turno en la sala de urgencias del hospital Carlos Haya de Málaga. Son de Almogía, un pueblo del interior, y esperan noticias de Juan Martínez, ingresado con un problema de riñón. En el área de ingresos de urgencias se cumplen los servicios mínimos. Y no hay piquetes informativos.

“Hoy no hay muchos enfermos por aquí”, relata Paqui Ruiz, administrativa del servicio, quien ve “muy necesaria” la huelga general. “Es una criba para todos. Hay que evitar que esto llegue más lejos, que no pase como con los minijobs en Alemania”. En la sala hay un recorte de periódico que titula: “El Gobierno extiende la semana de 37,5 horas para todo el personal público”. En la fotocopia alguien ha puesto con rotulador negro: “Se pierden entre 375 y 400 empleos”.

En la cafetería el menú del día está a 7,80 euros. A las 9.15 horas es el momento del café y la tostada. El encargado de cobrar asegura que todo está muy tranquilo “de momento”. Llegan un grupo de interinos de Rayos X. Son 19. La chica rubia, de unos 30 años, rechaza la huelga. “Estoy en contra de la reforma, pero hay que trabajar”. Una compañera suya asegura que no habría venido hoy al hospital si no le hubieran puesto una reunión importante del equipo de Rayos X.

Hospital Clínico Universitario, junto al campus de Teatinos. El área de urgencias es el triple de grande que la de Carlos Haya. El chino Andrés Zhou y su pareja dan sus datos en ingresos. Están de paso. Zhou apenas chapurrea castellano. “Estamos trabajando los mismos que un día festivo”, apunta Andrés González, empleado del Clínico. “¿A quién le parece bien la huelga? Es necesaria. Espero que sirva a medio plazo”.

Diego Montañés, jefe del servicio de Cardiología del Clínico, llega a su consulta. Hoy tiene cita con ocho enfermos. No hay ninguna incidencia en el hospital. Ni rastro de piquetes informativos. El jefe de unidad de urgencias, Eduardo Rosell, hermano mayor de las cofradías Fusionadas, llega de tomar un café con su compañeros. El aparcamiento sigue a rebosar…

Aquí el link de la crónica urgente publicada esta mañana en El Confidencial.

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