Al cerrar, detrás de la puerta, observó que había algo. Parecía una extrañeza, una sombra. Aquel día, llamado 31, escribía su última frase. De repente, una luz nueva inundó la habitación. No sigas ahí, yo ya no soy. Continuó mirando. Un destello de tristeza ahogó sus pensamientos. Y cuando quedaba poco para terminar, surgió una rara alegría. Era un 1. El inicio. La vida por estrenar. Y la noche gritó de esperanza.

