Indro Montanelli

Sigue siendo un placer rescatar semanalmente para este blog las columnas sobre el periodismo y los periodistas que escribió Francisco Umbral en EL MUNDO.

Abril, 1997. Umbral aprovecha una entrevista en ABC a Indro Montanelli (“El Papa romano del periodismo internacional”) para hablar del “oficio más bello del mundo” (dijo García Márquez) y la intelectualización de los diarios. “El comprar un periódico se va convirtiendo en un hecho subversivo, altanero, sospechoso”.

El remate del artículo es magistral. O sea.

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LOS PLACERES Y LOS DÍAS

Indro Montanelli

FRANCISCO UMBRAL

EL MUNDO; 1-4-1997

Conocí a Indro Montanelli en Madrid, y aquí le hice una entrevista, en los sesenta, cuando vino a promocionar sus libros de Historia, que contenían una fuerte crítica del mundo actual (actual de entonces). Luego lo busqué en Roma, en la plaza Navona, donde él tenía una tertulia de café todas las tardes, y allí volví a escuchar su palabra encendida, vital, sobre la que lucían unos ojos redondos y una inteligencia como indignada. Luego, un galardón de prestigio, el Príncipe de Asturias, nos reunía en premios paralelos, noviembre del 96.

En Oviedo conversé bastante con Montanelli, que, convertido ya en una estatua de la Isla de Pascua (que es en lo que nos va convirtiendo la vida), mantenía la luz del entendimiento y los ardores irónicos de la palabra. Ahora, Isabel San Sebastián le ha hecho una gran entrevista en el ABC. Montanelli ha conseguido que Isabel, esta mujer hermética, le entre en una entradilla entregada y ferviente. Montanelli ha conseguido que Isabel, la de las olímpicas piernas, que siempre parece como mirar enfadada al entrevistado, como si la estuvieran mintiendo (y seguramente la están mintiendo), sonría para él, para el viejo, por primera vez, y que se vista de negro total, no luto sino respeto, como para visitar al Papa romano del periodismo internacional. Y el viejo le ha dicho unas cuantas verdades a Isabel, sobre el periodismo, ahora que somos noticia y escándalo a diario.

«La calidad no tiene mercado».

Gran verdad, maestro. Tiene uno que tragarse el talento todos los días, o al menos el ingenio, como esos tíos del circo que tragan fuego, para ponerse al nivel de los políticos, tan ridiculizados por Lázaro Carreter en su monumental libro, que hoy presentamos, El dardo en la palabra.

«Cuando se dice que robar en nombre del Estado no es delito, se empieza mal».

¿No les suena esto? Se diría que Montanelli está hablando de España, o de Roldán. O de otros.

«Temo que el periodismo escrito quede como un lujo para la aristocracia intelectual».

Razón que le sobra maestro. Uno considera que ya la gente que compra y lee periódicos es un lujo de esta democracia cuatrocaminera que disfrutamos en España. La televisión, tan querida y protegida de los sucesivos gobiernos (cualquier televisión), ha conseguido que los nacionales (y los internacionales) prefieran la imagen rauda al comentario demorado, el flash a la reflexión.

El hecho de comprar un periódico ya va resultando distinguido intelectualmente en España. Y si encima se lee ese periódico, entonces estamos salvados, o al menos hay un compatriota que se va a salvar de la marea de mierda en tecnicolor que múltiples canales arrojan a todas horas en nuestro living. A la gente le han llenado las gafas de colorines para que no piense. La gente tiene un pensamiento lacteado, niñoide, tonto.

Esta minorización mental de las mayorías es naturalmente deliberada y le interesa igual a la izquierda y la derecha, si es que el radiante neocapitalismo no ha borrado ya esas diferencias. Por eso el comprar un periódico se va convirtiendo en un hecho subversivo, altanero, sospechoso. Así hemos pasado los periodistas a ser la aristocracia esquinera de la cultura de la calle. «La imparcialidad no existe, es un engaño técnico». Toma ya. «El español es un idioma grandioso y por eso da un halo de grandeza a todo lo que toca». Pero nuestros locutores no se han enterado. «La independencia cuesta muy cara». A mí me ha arruinado, maestro. «¿Qué opina de la televisión digital?». «¿Y eso qué es?». Bravísimo.

5 comentarios

  1. Responder FranciscoJ

    Gracias por el piropo, Agustín.
    Por cierto, me encanta el discurso que dió el Gabo cuando recibió el Nobel, es como si estuviera leyendo el génesis de su biblia mágica caribeña.

    Un abrazo
    Paco

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