“Pero, bueno, ¡Segurola!”

Santiago Segurola ama el estadio San Mamés y el Athletic de Bilbao, su Athletic, sobre todas las cosas. Sus lecturas, bagaje cultural y profundo conocimiento del deporte le auparon a primeros de los noventa a lo más alto del periodismo deportivo español. Fueron los años de sus acertadas y nutritivas crónicas en El País, las crónicas del Real Madrid, de la Selección de Clemente, llenas de guiños culturales y críticas con cabeza. Frases muy bien construidas. Entradas aplazadas. Redondos remates de crónicas.
Segurola, ahora adjunto al director de Marca, podría hablar ahora de jazz, de Miles Davis, de The Who, Rolling Stones, de novelas, de Tom Wolfe, de arte contemporáneo o de cine, de Woody Allen. Es un humanista. Un tipo muy culto y reservado. Segurola es amante del buen juego, de Ángel Cappa, del Arsenal, de Cesc Fábregas, de Xabi Alonso, de Xavi, Iniesta
Seguro que su amigo Andrés Montes, fallecido el pasado mes de octubre, le diría hoy recordando aquellas madrugadas de baloncesto NBA en Canal Plus:
– Pero, bueno, ¡Segurola!
(Esta es la presentación que hice ayer de Santiago Segurola en las Jornadas Reporteros que organizo para la Cátedra Manuel Alcántara de Periodismo y Literatura junto al Área de Cultura y Educación de la Diputación Provincial de Málaga).

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